Publicado el 10 de junio de 2023.

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I

A veces las cosas parecen marchar de forma extraña, pero a menudo, si uno observa lo suficiente, se da cuenta por qué.

En 2020, elaborando las perspectivas pandémicas de Giorgio Agamben, uno de los dos autores de Nihilist Communism1 escribió lo siguiente, sin una pizca de ironía (de hecho, hay que entender que lo que escribió no fue una broma, por muy hilarante, exagerado y excesivo que parezca):

La función de la máscara a nivel interpersonal equivale al cercamiento de tierras comunales en el siglo XVII.2

Fue al leer esta línea, a lo menos un año después de ser publicada, que me di cuenta de que todo el proyecto Monsieur Dupont, con el que yo ya no tenía nada que ver, literalmente había caído dentro del retrete y se había ido por la alcantarilla. Ahora intentaré volver sobre los pasos que llevaron a Monsieur Dupont a perderse en esa cloaca eterna.

Nihilist Communism (NC) fue producido originalmente en formato anillado, en un taller de impresión y fotocopiado, por mi cuenta, y luego fue enviado por correo a varias personas y librerías en 2003. Hay algunas diferencias textuales entre la edición de Ardent/Little Black Cart (2009), en la que no participé en lo absoluto, y la versión original, pero probablemente sean insignificantes. El texto es una recopilación de correspondencias y escritos -algunos producidos específicamente para el libro- de las dos personas que eligieron el nombre Monsieur Dupont en el café de la Galería Tate de Arte Moderno, en el South Bank de Londres, en una agradable tarde ya lejana (lugar en el que aún se puede comprar “una variedad de sándwiches, sopas y refrigerios dulces y salados para toda la familia”).

La gran mayoría del texto fue escrito por la persona que acabó llamándose Frère Dupont. Sólo unas pocas páginas son de mi autoría. En su momento decidí publicar el libro como “una última palabra” de mi parte y en homenaje a los escritos de Frère Dupont. Las ideas del libro están prefiguradas en mis propios escritos anteriores a nuestra asociación, y que se pueden encontrar en línea, por ejemplo, Death to Rank and Filism!, el pequeño ‘zine’ Proletarian Gob y otros ensayos, como DAM Rank y Filists! The Communication Worker’s Group. También podría ser útil, si a alguien le interesa, consultar ¿What’s it all about, Comrade? y el texto de 2009, A Seasonal Message from the Other Dupont. Debo aclarar, sin embargo, que, aunque estos ensayos contienen perspectivas interesantes, ahora me he dado cuenta de que el milenarismo (revolucionarismo) que alimenta la escritura demuestra una desastrososa o, más bien, contraproducente, incomprensión de nuestra sociedad (ver The Enervating Quality of Appeals to ‘the Communist Life). Por esta razón, repudio todos esos escritos y realmente preferiría que desaparecieran, pero no tengo control sobre los lugares en los que se publican, además del propio libro (cuando, en mi calidad de coautor del libro, le pedí a Little Black Cart que dejara de vender el libro debido al giro adoptado por Frère Dupont, ellos en cambio me pidieron que escribiera una posdata para incluirla en futuras ediciones). Mi inversión de perspectiva se explica y elabora a través de un análisis histórico empírico en Nihil Evadere: How We Are Created is How We Create. Este libro revela el milenarismo “arcaico” que constituye el núcleo del “deseo de comunismo”, y muestra cómo la antipolítica, la ultraizquierda, la post-izquierda y hasta la filosofía continental, han seguido una trayectoria hacia un lugar totalmente opuesto al que pudieron haber “pensado” que se dirigían.

II

Nuestra correspondencia siguió después de que se publicó la versión anillada del libro, e incluso después de que yo me alejase de todo y me cambiara de continente. En un correo electrónico de 2008 Frère Dupont me escribió:

He estado leyendo nuestra antigua correspondencia recientemente y me sorprende cómo todas mis ideas provienen de ti. ¡Muchas gracias por proporcionarme un extraño artilugio intelectual que todos los demás se niegan a reconocer! Me siento como un insecto fertilizado cuyo único objetivo en la vida es fertilizar a alguien más, es decir, transmitir estas cosas y largarme, es como una maldición porque no puedo rechazar el ímpetu del ADN de Monsieur Dupont. Realmente estoy muy feliz, fue una gran suerte para mí encontrarte en el camino y lograr ese pacto fáustico: conocimiento a precio de liquidación.

Así que sí (hay que reírse), la culpa de gran parte de esto la tengo yo. Pero, a estas alturas (para hacer referencia a una historia de Dickens sobre otro cambio de perspectiva), he tenido buena suerte: ¡los espíritus han hecho su trabajo! Aunque no puedo borrar lo que está escrito en piedra, en esta posdata y en mis otros escritos recientes hay muchos ajustes de cuentas; y aunque tal vez de ello no salga nada, como suele suceder, esto me basta.

Las ideas y perspectivas contenidas en Nihilist Communism tomaron forma para mí a mediados de los años 80 y encontraron una expresión más clara a fines de esa década. mucho antes de entrar en contacto con Frère Dupont. Es difícil decir exactamente cómo fue que aprendí la “antipolítica” que ocupa un lugar central en el libro. Pero si uno examina las revistas y tendencias, particularmente en el Reino Unido, de los años 70 y 80, es fácil ver de dónde debe haber venido aquello. Todos somos productos y funciones de nuestro tiempo y entorno, dentro de los parámetros marcados por nuestra época, y si elegimos, o somos impulsados hacia ciertos caminos en particular, entonces esos caminos nos moldean de maneras aún más particulares, por lo que debo de haber asimilado todo eso mediante algún tipo de proceso osmótico, que intentaré indicar de forma sucinta a continuación.

En esa época se consolidó la filosofía y las “estrategias” anti-izquierdistas que habían empezado con Socialismo o Barbarie en Francia después de la Segunda Guerra Mundial, y que el grupo Solidarity había transferido al Reino Unido. Existía la revista Echanges et Mouvement. Del London Workers Group surgió la revista Workers’ Playtime. Estaba Wildcat, también en Reino Unido. Estaba New Ultra-Left Review, que rápidamente se convirtió en Intercom e involucró a varios individuos que pertenecían a grupos como Wildcat, Careless Talk, la Corriente Comunista Internacional, y la futura Federación Comunista Anarquista. Más tarde apareció Subversion (por cierto, aquí no pretendo hacer una cronología, y tampoco mencionaré a todos los grupos). Todos estos grupos compartieron a sus miembros, sus ideas y debates. Por supuesto, también estaba la Internacional Situacionista, especialmente El tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones. BM Blob; el texto LIP y la contrarrevolución autogestionaria, etc. Estaba el famoso graffiti que daba la bienvenida a los viajeros al oeste de Londres: Good Morning Lemmings.

No tengo suficiente espacio ni interés para analizar la historia de todos estos grupos del Reino Unido y rastrear la trayectoria de sus ideas, hacia dónde se dirigían y cómo se formaron. Así que tomaré un grupo como una especie de estudio de caso amplio y superficial.

Solidarity. Este grupo, iniciado alrededor de 1960, se inspiró en el trabajo de Socialismo o Barbarie e importó muchas de sus ideas y perspectivas desde Francia al Reino Unido. Es interesante observar cómo el título completo de la revista cambió a lo largo de los años. Pasó de Solidaridad: por el poder de los trabajadores en los años 60 y 70; a Solidaridad: por la revolución social de 1978 a 1981; hasta su encarnación final, Solidaridad: por el socialismo libertario, desde 1982 hasta su desaparición en 1991. Hay que notar el arco que se revela en esos cambios de nombre: empezaron promoviendo el poder de los trabajadores, luego abandonaron esa perspectiva en favor de la revolución social, para finalmente pasarse al socialismo libertario.

El grupo fue, por supuesto, “revolucionario” desde el principio, pero los sucesivos cambios de título en su revista indican un alejamiento de la “política de la clase trabajadora” hacia una noción de “revolución” como una forma de individualismo o de libertarismo. Desde luego, el término “socialismo libertario” también representa lo que, en ese momento, parecía ser un distanciamiento necesario respecto de los “socialismos autoritarios” existentes en otras regiones del mundo, pero este reconocimiento no debería oscurecer el hecho de que Solidarity, como todos nosotros en su momento (como cualquiera en cualquier época), no fue otra cosa que la fibra porosa por la que pasó una idea o, mejor dicho, un cambio de tono, que por entonces empezó a impregnarse en todos los niveles de la sociedad. Ese cambio de tono fue el establecimiento de la idea de libertarismo. Este concepto se deriva, en última instancia, de la Ilustración y fue utilizado por los revolucionarios para apelar al “florecimiento” del ser humano. Por ejemplo, Emma Goldman escribió: “El objetivo [del anarquismo] es la expresión más libre posible de todos los poderes latentes del individuo”. Este tema llegó a nuestra época, entre otras tendencias, a través del énfasis situacionista (quienes sólo estaban siguiendo a los surrealistas) en la “subjetividad”. El libertarismo ya estaba haciendo eco en toda la sociedad antes de que llegara Margaret Thatcher. En el discurso político dominante, al menos en el Reino Unido, el libertarismo introducido por Thatcher encontró su expresión final, y triunfante, al apoderarse del Partido Laborista representado por la figura de Tony Blair.

Gracias en gran parte a Margaret Thatcher, todos, en el Reino Unido, nos convertimos en pequeños neolibertarios. Más tarde esta tendencia global encontró su plena expresión en la obra de Giorgio Agamben; así como en quienes se volvieron “antipolíticos”; y los que dieron el siguiente paso, ya sea hacia el post-izquierdismo o hacia una variante del cristianismo individualista de derecha (lo que nos lleva de vuelta a Agamben, claro está). A ellos se suman, al menos en Estados Unidos, los neoconservadores “pronatalistas”, los “críticos del progreso”, las “feministas reaccionarias” y los colonos de tendencia rural. En esta parte de la nueva demografía libertaria hay polemistas importantes que pueden agradecerle a Nihilist Communism el haber desarrollado una actitud “antipolítica” (ya presente en el anarquismo más básico) y a CrimethInc por fomentar un estilo de vida autosuficiente y antigubernamental; y que defienden la obra de escritores como Martin Heidegger, Ezra Pound, Leo Strauss y Wendell Berry… aunque no sé si Wendell Berry sabe que una parte importante de su base de fans se encuentra ahora entre los neoconservadores, o si aprueba este desarrollo.

III

Desde 1918 la clase trabajadora venía siendo identificada cada vez más como agente de su propia opresión. Sobre todo por su apego a la forma sindical, se los había identificado como factores del sistema capitalista. Los comunistas de consejos y la ultraizquierda, de una manera extraña, habían reafirmado la noción de Lenin de que la clase trabajadora librada a su suerte sólo podía alcanzar una conciencia sindicalista. Pero en vez de promover como Lenin la creación de un órgano partidista central formado por intelectuales de clase media, los comunistas de consejos, sin saberlo, prefirieron volver a la perspectiva de Bakunin. Una perspectiva según la cual la clase trabajadora alcanzaría la conciencia revolucionaria a través de la acción, lo que, para los comunistas de consejos, significaba pasar por el tumulto de la acción industrial a gran escala, hasta el establecimiento de consejos revolucionarios. Las propias agrupaciones comunistas consejistas, que eran grupos de individuos comprometidos que intentaron intervenir en la lucha industrial, eran, irónicamente, exactamente lo que Bakunin imaginó cuando escribió su Carta a (o Reprimenda a) Nechayev en 1870:

El único objetivo de la asociación secreta [término de Bakunin para un grupo revolucionario; en la Europa de 1870 una organización revolucionaria tenía que ser una sociedad secreta] debe ser no el de constituir una fuerza artificial fuera del pueblo, sino despertar, agrupar y organizar las fuerzas populares espontáneas. En estas condiciones, el ejército de la revolución, el único capaz y real, no está fuera del pueblo, es el mismo pueblo. No se le despertará con medios artificiales. Las revoluciones populares son engendradas por la fuerza misma de las cosas (…) Ayudar al pueblo a decidir él mismo sobre la base de una igualdad absoluta, una libertad humana completa y universal, sin la menor intromisión de cualquier poder, hasta provisional o de transición…

Pero los comunistas de consejos siempre (siguiendo a Marx) desdeñaron a los anarquistas, por lo que nunca examinaron adecuadamente la historia de la Primera Internacional (ver Rudolf Rocker, Anarcosindicalismo. Teoría y práctica) y no pudieron reconocer el hecho de que Bakunin se les había adelantado 50 años.

Así, los consejos de trabajadores revolucionarios, tal vez empezando por la Comuna de París, se convirtieron en “piedras de toque” históricas para los comunistas de consejos y los ultraizquierdistas. Luego se sumaron a ello los primeros días de los soviets (consejos) en la revolución rusa, el movimiento de delegados sindicales en el Reino Unido y los consejos de trabajadores y soldados en toda Europa, particularmente en Alemania, al final de la Primera Guerra Mundial. Por supuesto, estos fenómenos fracasaron, pero el “legado”, como escribió Paul Mattick en 1939: “encontró su expresión organizativa en varios grupos antiparlamentarios y anti-sindicales en varios países. En sus inicios y a pesar de todas sus inconsistencias, este movimiento se opuso desde el principio estrictamente a todo el capitalismo, así como a todo el movimiento obrero que formaba parte del sistema”.

El siguiente gran acontecimiento para el desarrollo de la ultraizquierda que tenemos hoy fueron los hechos de mayo de 1968 en Francia. Las interpretaciones de estos hechos por parte de muchos les demostraron fuera de toda duda que la clase trabajadora en tanto clase trabajadora se había convertido en un agente de su propia opresión. Algunos decidieron que esto era el fin “oficial” de la clase trabajadora como “sujeto revolucionario”, y otros decidieron que esto era sólo la prueba final de que la clase trabajadora era un factor del capital, un hecho que había quedado claro ya en 1918. La Escuela de Frankfurt también había decidido, mucho antes, por supuesto, que el viejo camino hacia la revolución hecha por “el proletariado como sujeto revolucionario” se había acabado en 1918. La consecuencia de esa forma de pensar fuer un distanciamiento respecto de la clase trabajadora, y la búsqueda de otros medios por los cuales pudiera ocurrir la revolución. Fue un largo adiós a la clase trabajadora. ¿Por qué es esto interesante? Porque fue al mismo tiempo una bienvenida al libertarismo y al individualismo. Y esto, por cierto, terminó en una variante (por ejemplo, Tiqqun), que sólo era partidaria de grupos de alborotadores casi siempre jóvenes, que aparecían y luego desaparecían, que generalmente vestían de negro, que leían Endnotes (y más tarde, Ill Will Editions) y que estaban comprometidos con la noción de no-movimiento. Obviamente, esto es, en parte, sólo una broma, pero…

A fines de los años 70 y durante los años 80 la clase trabajadora del Reino Unido sufrió numerosas derrotas. Se podría argumentar que los titulares de la revista Solidarity reflejan un abandono de la clase trabajadora por parte de la ultraizquierda, que fue sincrónico con el triunfo de Margaret Thatcher. Que el público se alejara de los sindicatos y de “la izquierda” era exactamente lo que el Partido Conservador británico había estado planeando desde que Edward Heath intentó por primera vez contener a los sindicatos a principios de los años 1970: acciones que en ese entonces condujeron a dos huelgas mineras y a una huelga ferroviaria de envergadura nacional, lo cual provocó cortes de energía y la Semana de Tres Días, eventos que, a su vez, hicieron que Heath dimitiera. El nuevo gobierno laborista no pudo sacar al país del desastre, y el FMI trabajó simultáneamente con él y contra él. A fines de los años 70 fue elegida Margaret Thatcher, quien a mediados de los 80 ya había destruido a los mineros y sus comunidades. La izquierda estaba desorientada, desorganizada, desmoralizada, y tendía a absorber el nuevo espíritu individualista y de “libre mercado”. La ultraizquierda y los anarquistas no ayudaron en nada. Ya desde antes venían centrando sus energías más en la izquierda “traidora” que en la derecha. Un concepto central de la ultraizquierda era estar “fuera y en contra de los sindicatos”. Yo apoyo esta idea plenamente, aunque en la práctica, como otros, siempre estuve en un sindicato, involucrado en varios niveles de actividad.

La ultraizquierda que tenemos hoy, la que está alejada de los sindicatos, que reside mayoritariamente en el mundo académico, y que es anti-izquierdista… es tanto hija del trabajo pionero de Thatcher como lo es del trabajo teórico anterior de Socialismo o Barbarie (que a su vez se basó en el trabajo de los comunistas de consejos que, como señalara Mattick, se convirtieron en “anti-parlamentarios” y “anti-sindicales”). Cuando nos alejamos de la izquierda y de los sindicatos y, por tanto, de la propia noción de clase trabajadora, simplemente hicimos lo que Thatcher quería. Deberíamos habernos quedado, deberíamos habernos esforzado más. Pero, por supuesto, además de que la ultraizquierda “cayera” en la propaganda anti-sindical de los conservadores, también nos preocupaba que la izquierda y los sindicatos no fueran “revolucionarios” y, que al ser instituciones que, para nosotros, no eran revolucionarias, debían ser activamente contrarrevolucionarias o anti-revolucionarias. Por tanto, eran nuestros enemigos. La clase trabajadora ya casi no tenía “utilidad” (se habían convertido en agentes del capital). En Ninhilist Communism “la clase trabajadora” podía reducirse a una sola persona que trabajase en algún tipo de instalación eléctrica imaginaria y que fuera capaz de apagar un interruptor, deteniendo así la economía.

Esta idea, que compartí, es el corazón del folleto de Red Robbie Some Notes Concerning Future Proletarian Insurgency, que promovía un “abandono” de “la clase trabajadora” en favor de cualquier cosa que pudiese provocar una detención de la economía (en este caso, los choferes y dueños de camiones). Ahora me doy cuenta, para mi vergüenza por supuesto, de que no entendí correctamente ese folleto en el momento en que fue escrito (por Frère Dupont, co-firmado por mí), pero lo entiendo ahora y veo cómo alimentó directamente la perspectiva de Frère Dupont sobre la pandemia (también compartida por Ill Will Editions, por ejemplo). Ese texto fue el precursor del Frère Dupont de Twitter (@A_Certain_Plume/@Pon_or_Gong y @glowwormsalon), quien repitió con entusiasmo la propaganda “anti-vacunas” de extrema derecha sobre las protestas contra el bloqueo como “un fragmento de lo real” (un eco deliberado de los mesiánicos “fragmentos/astillas” de Walter Benjamin) allá por septiembre y octubre de 2021.

Es interesante observar, por cierto, que en un momento durante este período, Frère Dupont parece dar marcha atrás al afirmar que no apoya “la ideología anti-vacunas”, pero esta afirmación surge de la nada. Él escribe:

Como no están circulando respuestas comunistas a las huelgas, tal vez debería dejar claro que no apoyo las huelgas ni la ideología “antivax”. Las huelgas, las ocupaciones y la autoorganización son también fetiches ideológicos y deben ser superados. ¡Pero primero desechemos el izquierdismo!

Hay preguntas que no responde aquí, ni en ningún otro lugar, con respecto a su reclamo. ¿Por qué copia con tanta asiduidad la perspectiva de Agamben? ¿Y cuál fue su posición sobre la vacuna triple vírica a finales de los años 1990, cuando muchos se volvieron “anti-vacunas” debido al “miedo” en torno a esa vacuna? Su afirmación no tiene fundamento, excepto por su mala comprensión de las motivaciones de la mayoría de las manifestaciones y huelgas contra el bloqueo. Después de todos sus pronunciamientos sobre los acontecimientos de la pandemia, no tiene sentido ni explica su regurgitación de propaganda de extrema derecha. ¿Quizás Frère Dupont está confundido por su propio “genio”? Se refiere a sí mismo como “el último de los surrealistas”, pero, curiosamente, esto sólo sirve para recordar las notorias asociaciones “apolíticas” de Salvador Dalí que comenzaron a principios de los años treinta. De hecho, en la frase en la que hace esta afirmación, de manera mucho más interesante y reveladora, queda claro cómo en la “antipolítica” se revela el sueño-hecho-realidad thatcherista: debemos unirnos contra el izquierdismo. En la cita anterior, me parece que Thatcher se coagula en la boca de Frère Dupont -tergiversando, confundiendo y subvirtiendo cualquier buena intención que pudiera tener-, tal como un cadáver que asoma la cabeza.

IV

En el centro de mi inversión de perspectiva está la comprensión de qué es la sociedad y cuáles son los límites de nuestras capacidades para cambiar las cosas. Nihilist Communism, hay que reconocerlo, siempre argumentó que la revolución genuina sólo podría tener lugar en un nivel no dirigido por la “voluntad revolucionaria” (este énfasis se derivó en parte de mi estudio sobre cómo surgió el capitalismo en el modo de producción conocido como feudalismo en Europa.) Los revolucionarios no pudieron “hacer que sucediera” porque no había manera de que la conciencia de las masas pudiera ser despertada antes de que sucedieran los acontecimientos. El papel del revolucionario, entonces, según Nihilist Communism, era advertir a los insurgentes acerca de las trampas y peligros que les aguardaban. Pero si uno piensa lo suficiente en esto, es algo que simplemente encaja en una teoría de la conciencia revolucionaria y el vanguardismo. Si los comunistas nihilistas (revolucionarios) fueran escuchados y se les creyera, eso constituiría un momento de toma de conciencia más allá de lo que enseñan los acontecimientos (la dinámica de “la dialéctica”: la conciencia, dicho sea de paso, nunca precede a los acontecimientos, es la realidad material de nuestra existencia diaria lo que decide nuestra conciencia, creer que se puede crear un mundo completamente nuevo, uno que revoluciona la economía, es estar muy engañado; estas cosas pueden suceder, pero no suceden por voluntad humana). Y esto también significaría que los comunistas nihilistas se habrían convertido en los líderes e ideólogos de facto de la nueva situación. Pero se vuelve incluso más confuso: los comunistas nihilistas (los verdaderos revolucionarios) se verían obligados además a purificarse antes de ejercer cualquier forma de control. De hecho, lo ideal sería que hubieran desaparecido antes de poder desempeñar el papel que Nihilist Communism se había asignado para el acontecimiento revolucionario. Esto puede parecer un poco loco, pero es, de hecho, la esencia del programa de todos los grupos e individuos ultraizquierdistas de hoy. También es la estrategia mucho más antigua de Bakunin y los anarquistas, que se dieron cuenta de la peligrosa posición de actuar como guía, de intervenir para crear conciencia, pero que nunca tuvieron una respuesta adecuada sobre cómo se vería esto en la práctica: porque, por supuesto, una estrategia como ésa es poco realista e imposible.

Así, Nihilist Communism, junto con los comunistas de consejos y la ultraizquierda, nunca pudieron ir más allá de los anarquistas. La “novedad” del libro fue que era excepcionalmente duro contra el intento de convencer a “las masas” y, por lo tanto, fue mucho más lejos en su respeto por “las masas”. Nosotros no mostramos ningún “velo” que tuviera que ser quitado, como lo hizo Marx, y no pensamos, como lo hizo Bakunin, que “la clase trabajadora es todavía muy ignorante [y] carece de cualquier teoría”. Tampoco coincidimos con Bakunin en esta afirmación aparecida en el mismo ensayo (La política de la internacional, 1869), la cual podría haber sido escrita cincuenta años después por los comunistas consejistas:

Esta es la quintaesencia de la idea socialista, cuyos gérmenes se pueden encontrar en el instinto de todo trabajador pensante serio. Nuestro objetivo, por tanto, es hacerle consciente de lo que [realmente] quiere, despertar en él una idea clara que corresponda a sus instintos: en cuanto la conciencia de clase del proletariado se haya elevado al nivel de sus sentimientos instintivos, su intención se habrá convertido en determinación y su poder será irresistible.

De hecho, nuestra intención no era apelar a “la clase trabajadora” en absoluto, por supuesto; simplemente queríamos señalar que nosotros y los revolucionarios (cada vez más universitarios) que nos rodeaban no sabíamos lo que estábamos haciendo, y que mucho de lo que estaba sucediendo en el discurso revolucionario era inútil, activamente contraproducente o simplemente estúpido. En esencia, estábamos diciendo que, dado que ninguna revolución genuina había tenido éxito y, por lo tanto, el comunismo nunca se había establecido en la Tierra, nadie sabía nada; nadie había tenido jamás ninguna experiencia revolucionaria genuina, sobre todo nuestros supuestos contemporáneos. Incluso la experiencia de Néstor Makhno, por deslumbrante que fuese, estuvo muy lejos de ser completa.

El Dr. Jasper Bernes, de la revista Endnotes, como un predicador que ha perdido la fe en el evangelio, escribe: “No sabemos cómo luce una revolución comunista exitosa…”, pero casi inmediatamente prosigue diciendo que “la revolución exitosa se desarrolla en una serie de…”, “en la revolución exitosa la gente…” y luego ofrece una serie de certezas sobre cómo se alcanzará el comunismo y cómo será. Insiste tres veces, al estilo Boy’s Own, en que vamos a tener que “secuestrar camiones”.3 Estas “certezas” se desarrollan con más detalle en su texto de 2021, The Test of Communism.4 Pero la sensación que uno finalmente tiene del Dr. Bernes y de Endnotes es que en realidad ya no creen, que todo es mirar-hacia-atrás-en-la-historia, hablar de “horizontes” inescrutables, y uno queda con la sensación de que toda la exposición de Endnotes, nacida del derrumbe de Aufheben, ha decaído en la ironía. Mientras escribo esto no puedo evitar pensar en el personaje del Padre Paul Hill de la miniserie de televisión estadounidense Misa de medianoche.

Uno podría preguntarse por qué critico a Endnotes, a los comunistas de consejos, a la ultraizquierda y a los anarquistas, y no, por ejemplo, a otras tendencias “revolucionarias” cercanas, como Cosmonaut. Bueno, dado que los Cosmonaut son simplemente leninistas más completos, están un poco fuera de esta narrativa. Pero quizás sea útil contextualizar una parte de su posición. En primer lugar, Cosmonaut critica a la “ultraizquierda” y al “marxismo académico” por no ser lo suficientemente leninistas, mientras que yo critico a la ultraizquierda por, entre otras cosas cosas, albergar un “leninismo incipiente” o ser representativo de un “leninismo infantil”. Por ejemplo, sostengo que todo lo que el Dr. Bernes, et al, ha escrito sobre la “revolución” ya había sido escrito por Lenin, de manera más astuta, más integral y de forma más auto-reflexiva en 1906, en su ensayo, La guerra de guerrillas. Y en segundo lugar, Cosmonaut es el nuevo culto neo-leninista/neo-Koba, zombi-bolchevique que quiere, como escriben, “volver a hacer que el socialismo sea científico” a través de tácticas entristas estándar y del sacrificio masivo de innumerables estudiantes novatos que creen en la perspectiva de una abundante cosecha de maíz bajo el sonriente sol de Cosmonaut. ¿Estarán ya planificando las ubicaciones de sus gulags? ¿Cuándo se arrastrará Donald Parkinson hacia la maquinaria de purga del Comité Central que, al igual que Bujarin antes que él, habrá ayudado a construir? (para una descripción profunda del culto milenarista de los bolcheviques, un fenómeno aplicable, de manera más alarmante, a cualquier revolucionario, ver La Casa Eterna, de Yuri Slezkine.)

V

El libertarismo -que yo también, inconscientemente, compartía, y que se ha abierto camino en todos los discursos- se me hizo evidente (¡demasiado tarde!) como lo que realmente es, en la terrible respuesta que Frère Dupont dio a la pandemia. Alineados con su anti-izquierdismo (“¡Pero primero desechemos el izquierdismo!”), sus compromisos contra el confinamiento y el uso de mascarillas reveló la esencia del error y sus consecuencias. Frère Dupont confunde la solidaridad y la ayuda mutua que son el núcleo de lo bueno del impulso “socialista” a un nivel básico, con la forma en que el “izquierdismo” se ha desarrollado a nivel gubernamental, y escribe: “¿Qué es el izquierdismo sino corporaciones que anticipan posibles litigios por igualdad de derechos?”

El punto ciego de Frère Dupont acerca de la cuestión de la solidaridad y la ayuda mutua, y los continuos desafíos que estos fenómenos plantean a la democracia, la vida en la civilización y el izquierdismo mismo, tal vez se revelen aún más claramente en otro de sus comentarios sobre la pandemia, uno que parece constituir una capitulación ante el discurso reaccionario sobre la “libertad” como “el derecho del individuo”:

El elemento beneficioso de la neo-reacción se articula precisamente en su ejercicio de hablar libremente, ofender y transgredir conjuntos de valores institucionalizados.5

Además, Frère Dupont escribe: “En vez de ceder la idea de libertad a la derecha como exige el ala izquierda del capital, es necesario cuestionar su significado y así recuperarlo”. Esta oración a) supone que la “libertad” es algún tipo de concepto transhistórico con respecto a la biología del ser humano (un ser social); b) no indica nada sobre en qué podría fundarse tal “impugnación”; y c) no reconoce que el llamado a la solidaridad no sólo proviene de los profesionales médicos: proviene, de manera mucho más masiva, de esa gente “común” (la gran mayoría en todo el mundo) que quiere mantener a salvo a sus seres queridos y a la gente a su alrededor.

Esta es la extraña e interesante situación que alguien como Frère Dupont no puede comprender, y es que él, como muchos otros, necesita encontrar a “el enemigo” en el mismo lugar específico de siempre: el Estado mítico, personificado y malvado (ver Nihil Evadere). Lo que de hecho ha sucedido es que las nociones de solidaridad socialista y ayuda mutua (no infectar a otros) se han alineado con la preocupación de la profesión médica por tratar y contener el virus. No sólo esto: la “solidaridad socialista” también se ha alineado con aquellos gobiernos que han seguido, o se han sentido obligados a seguir, los consejos médicos. La realidad es a la vez más simple y más compleja de lo que Frère Dupont imagina.

En un sentido más amplio, lo que Frère Dupont no entiende -lo que Nihilist Communism no entiende- es que ser “de izquierda” (en cualquier nivel) es estar en constante diálogo y antagonismo con “la izquierda” y con el propio impulso de hacer el bien en el mundo. Estar “fuera de la izquierda”, como lo han demostrado Jacques Camatte, Agamben y Monsieur Dupont, es abrir un espacio para la reacción a través de cualquier variedad de confusionismo rojipardo a la que se adhiera (para una descripción detallada de este fenómeno, ver Nihil Evadere).

¿No deberíamos en todo caso abandonar el concepto mismo de “libertad”, si siempre va a terminar asociado con el derecho a hacer lo que uno quiera sin tener en cuenta al otro, es decir, el derecho a llevar una vida egoísta? Cuanto más uno piensa en la palabra “libertad” en sentido filosófico, social o político (o en relación con “el individuo”), más se da cuenta de lo limitada y estúpida que es. La palabra no debería ser “recuperada”… debería ser descartada. Y quizás esto también se aplique a la palabra “emancipación”, pero esto lo escribo con una advertencia. En Estados Unidos, esta palabra está umbilicalmente vinculada al cambio progresista específico que puso fin a la esclavitud allí y, como tal, tiene un valor noble y puede usarse para inspirar desafíos al orden de cosas. Aún así, debemos tener cuidado de no utilizar estas palabras de una manera que indique la posibilidad imposible de algún tipo de libertad absoluta que pueda lograrse mediante una igualmente imposible revolución absoluta. Sólo podemos ser emancipados, o emanciparnos a nosotros mismos, hasta cierto punto. Pero es casi seguro que este punto, como lo demuestra el ejemplo del fin de la esclavitud, tiene un alcance que va mucho más allá de las condiciones actuales que estamos soportando. Es mejor saber esto para poder ser más efectivos y menos contraproducentes.

Entonces, ¿qué hacer con este libro, que alguna vez fue para mi una obra de amor, pero que me ha llevado a un final tan tonto e ignominioso que, de haber sido más inteligente, podría haberlo evitado desde el principio? ¿Qué hacer con él? Tirarlo a la basura.

1 https://libcom.org/article/nihilist-communism-monsieur-dupont

2 Frère Dupont, I Am Not Chuang, publicado en lettersjournal.org; también se puede encontrar en línea en The Anarchist Library.

3 Jasper Bernes, Revolutionary Motives. En Endnotes # 5, 2019.

4 Jasper Bernes, The Test of Communism, Nilpotencies, 2021.

5 Frère Dupont, I am not Chuang, 2020.