Durante los años de la UP, y después de su fracaso, se hicieron muchos análisis sobre la “vía chilena al socialismo” por parte de marxistas revolucionarios de diversos linajes. De entre todos esos materiales, hemos recuperado acá unos pocos que a nuestro juicio ofrecen líneas de análisis indispensables para desmitificar lo que pasó en Chile en ese período. Esta selección no se hizo de un día para otro ni a la ligera: es el fruto de más de una década de lecturas colectivas, esfuerzos editoriales y de investigación, encuentros y discusiones en que varios grupos e individuos fuimos trazando una perspectiva en común. Algunas veces acceder al material y publicarlo fue un proceso rápido y sencillo; otras, el asunto se complicó más de lo necesario y supuso más de una dificultad evitable. Pero sin excepción, este saber sólo fue posible gracias a compañeros que vivieron las luchas de los años setenta, y que han perseverado en transmitir su experiencia a las nuevas generaciones. Si hoy podemos enriquecernos con el conocimiento crítico de la lucha de clases de ese período, es gracias a ellos.

El primer cometido de estos escritos es que podamos apropiarnos de nuestro pasado. Es para eso que se escriben balances y reflexiones críticas sobre las experiencias previas. Por lo demás, ese gesto de apropiación no es algo que hayamos inventado recién: desde tiempos remotos y por muchas vías nos viene llegando la advertencia de que la historia se repite, se sigue repitiendo, y no dejará de hacerlo mientras no accedamos a un conocimiento realmente decisivo de sus resortes fundamentales. Que un conocimiento sea “decisivo” significa que no es meramente intelectual, interpretativo y hermenéutico: es por sobre todo un conocimiento práctico, activo, transformador de la realidad. Un conocimiento en que el aspecto intelectual es sólo un factor más.

Hay que tener en cuenta que estos escritos nos llegan, como restos de un naufragio, no después de una, sino de dos derrotas estratégicas de alcance histórico y mundial. La primera es la del ciclo revolucionario que va desde octubre de 1917 en Rusia hasta mayo de 1937 en España. Como sabemos, aquella potencial revolución terminó siendo devorada en gran parte por sus defensores declarados: la revolución llevaba en sus entrañas a la contrarrevolución, y ésta prevaleció. Los textos que ofrecemos acá explican un episodio singular -el caso chileno- de la segunda oleada revolucionaria del siglo veinte: la que sacudió al mundo entero durante las décadas de 1960 y 1970.

Entender este contexto nos permite hacer al menos dos lecturas simultáneas del material. La primera y más evidente: estos textos explican la lucha de clases de hace medio siglo para decirnos que no cometamos los mismos errores -lo cual supone que sigamos queriendo hacer la revolución, pues en caso contrario no tendría ningún sentido ofrecer tales análisis-.

La segunda lectura es menos obvia, tal vez más difícil, y seguramente más necesaria aún: se trata de interrogar, a través de la revisión de las luchas pasadas, las condiciones que hicieron posible una praxis insurgente, y cómo fue que la derrota estaba ya inscrita en esa praxis. ¿Cómo pensaban entonces los revolucionarios? ¿Qué hacían? ¿De qué manera formaban parte del momento histórico que les tocó?

Estas preguntas hoy se han vuelto contra-intuitivas. La idea misma de revolución está tan enlodada y ha sido dada por muerta con tanta vehemencia, que hoy a mucha gente -incluso a muchos que se consideran a sí mismos anticapitalistas- les resulta ajena y les suscita más escepticismo que entusiasmo. Esto es muy natural porque desde hace más de medio siglo que las principales palancas de la cultura, de la producción intelectual y del discurso público están bajo el estricto control de quienes vencieron en las contiendas revolucionarias del siglo pasado. Recién en la última década, tras la devastadora crisis económica abierta en 2008, el espectro de la revolución y del socialismo ha empezado a tener un vago sentido para la primera generación de nuestra época que nació condenada a tener una vida material peor que la de sus progenitores. Pero no hay que hacerse ilusiones: la inercia histórica tiene un peso tremendo, y harán falta todavía unas cuantas conmociones más para que la lucha de clases y la perspectiva comunista vuelvan a ser reconocibles y provoquen a gran escala una praxis consecuente.

De momento, revisitar las luchas pasadas sigue siendo un ejercicio necesario para el esclarecimiento de una perspectiva revolucionaria que tenga algún porvenir. Nuestras posibilidades presentes y futuras empiezan allí donde concluye, al menos provisionalmente, el balance crítico de las derrotas que nos precedieron. Publicamos este dosier con la esperanza de que sirva a ese propósito: el de recomenzar el impulso revolucionario con pie firme, habiendo metabolizado los intentos fallidos previos, tomando de ellos la fuerza que otorga toda tradición de lucha compartida entre generaciones, y dejando al mismo tiempo que los muertos entierren a sus muertos, para que puedan abrirse nuevos caminos.


Este dosier lo componen los siguientes materiales, ordenados aquí cronológicamente:

Chile: la catástrofe que se avecina (Alan Woods, 1971)

Correo Proletario (1973-1976)

Chile: los gorilas estaban entre nosotros (Helios Prieto, 1973)

Chile: revolución y contrarrevolución (Mike Gonzalez, 1975)

El fantasma de Chile (Zenón Alvarado, 2009)